La relación entre los salarios de los jugadores y los precios de los boletos de entrada


Image credit: © Jeff Curry-USA TODAY Sports

Traducido por José M. Hernández Lagunes

He pensado en ponerle fin a esto.

Hace cuatro años, escribí un artículo sobre el precio de asistir a los partidos de béisbol. Lo concluí así:

Sería bueno bajar el precio de las entradas. Pero la teoría económica dice que no ocurrirá. El ejemplo de los equipos que han recortado las nóminas dice que no ocurrirá. Y el mercado moderno de entradas, con revendedores omnipresentes, dice que no sucederá. Así que no hay que culpar a los jugadores y a lo que se les paga. Ellos no tienen nada que ver.

Para ser claros, no he dicho nada que no se haya dicho durante años y años sobre este tema. Sin embargo, de alguna manera, la lección no ha sido asimilada.

Me di cuenta de la última variante hace unas semanas. Dice así:

  • Juan Soto rechazó una oferta de contrato por 13 años y $350 millones de dólares por parte de los Na
  • El costo de asistir a un juego sigue subiendo y subiendo.
  • Los contratos como el de Juan Soto son la razón por la que el costo de asistir a un juego sigue subiendo y subiendo.

Este es un silogismo defectuoso. Y recuerda, todos quienes confunden la correlación con la causalidad terminan muertos. Pero también es demostrablemente erróneo. Permíteme desempolvar el argumento. De nuevo. Con la esperanza de no tener que revivirlo. De nuevo.

Empecemos por lo práctico. Si el precio de las entradas está ligado a los salarios de los jugadores, debería subir y bajar con las nóminas de los equipos, como el precio de la gasolina sube y baja con el coste del petroleo. Si decimos que los equipos cobran más cuando sus nóminas aumentan, también debería ocurrir que los equipos cobren menos cuando las nóminas disminuyen.

Estos los equipos con las mayores disminuciones de nómina de 2019 a 2021:

  • Cleveland, 68%, $151.3 millones de dólares a $49.1 millones.
  • Miami, 57%, $74.7 millones a $32.0 millones.
  • Baltimore, 49%, $82.7 millones a $42.1 millones.
  • Seattle, 49%, $126.9 millones a $64.1 millones.
  • Texas, 47%, $104.4 millones a $55.2 millones.

No estamos hablando de pequeñas disminuciones. Estos equipos redujeron dramáticamente sus nóminas. Si las nóminas determinan lo que cobran los equipos por verles jugar, deberíamos esperar que el coste de asistir a cada uno de los partidos de estos equipos hubiera disminuido.

Y no ha sido así. El precio medio de las entradas (calculado por Team Marketing Report) bajó de $37.77 a $35.22 dólares en Seattle y 43 centavos en Baltimore. Eso es todo. Todos los demás equipos subieron los precios a pesar de que las nóminas de los jugadores se redujeron a la mitad o más.

Y lo mismo ocurre en la MLB en general. Las nóminas no están aumentando. Cayeron un 4% en 2021, según Maury Brown de la revista Forbes, a su nivel más bajo desde 2015. ¿Quieres saber cuántos equipos cobraron menos por una entrada en 2021 que en 2015? Sí, ya sabes.

Puedo imaginar dos objeciones a este cálculo. La primera es: “Bueno, sí, los equipos tuvieron que cobrar más en 2021 porque tenían que compensar las pérdidas de 2020”. Pues, no es así como funciona. Si Ford o Pepsi o Chevron o IBM tienen un mal año, no lo compensan subiendo los precios al año siguiente. Si lo hicieran, perderían cuota de mercado. Si se tiene un mal año en el negocio, se asumen las consecuencias y se intenta aprender de ellas. No se recupera.

La segunda y más sofisticada respuesta sería: “Tal vez se dieron cuenta de que sus precios de 2019 eran demasiado bajos, y se ajustaron en consecuencia.” De nuevo según Forbes, Cleveland obtuvo un superávit de $43 millones (ganancias antes de intereses, impuestos, depreciación y amortización) en 2019. Baltimore ganó $57 millones, Seattle $31 millones y Texas $61 millones. Sólo los Marlins perdieron dinero, apenas, un total de $6 millones. Su margen operativo combinado (ganancias divididas entre ingresos) fue un saludable 13% (16% excluyendo a Miami). Eso se compara con el 14% para la MLB en su conjunto. Todos menos Miami tuvieron un gran 2019.

Así que está claro que el alto costo de asistir a los juegos de béisbol no está relacionado con lo que los Nationals le pagan a Juan Soto. ¿Por qué es así?

Aquí es donde tengo que ahondar en algo de teoría economía básica. En el caso de algunos productos, como la gasolina, los precios se rigen por el costo de las materias primas. Eso es en parte porque esos mercados son altamente competitivos. Si mi gasolinera marca Mobil local cobra demasiado, puedo ir a una de marca Sunoco, Hess o Citgo. ¿Cuántas veces has pasado por delante de dos gasolineras, una enfrente de la otra, y has entrado en la que cobra un centavo menos por litro? Si sus costes aumentan, tienen que subir los precios para seguir siendo rentables, pero no pueden subirlos mucho más que sus competidores. La competencia del mercado libre pone un tope a los precios. Lo mismo ocurre con los comestibles, los electrodomésticos o la ropa. Puedo tener un motivo para elegir un determinado minorista, como la fidelidad a la marca, pero en general, la gente puede elegir dónde hacer su compra.

Pero no puedes hacer eso con los Mariners o los Rangers. Si quieres ir a un partido de las Grandes Ligas, tienes una opción. ¡La industria tiene incluso una exención antimonopolio! Ahora bien, es cierto que todos los equipos de la MLB se enfrentan a la competencia de otras formas de entretenimiento, como el cine o los conciertos o salir a cenar o quedarse en casa y ver el partido en la televisión (a menos que tengas mlb.tv, en cuyo caso estás jodido). Pero para ver el béisbol en directo, sólo hay una opción. (Sí, lo sé, Nueva York y Los Ángeles y Chicago, pero los dos equipos casi nunca juegan en casa al mismo tiempo).

Eso no significa que los equipos puedan cobrar lo que quieran; habrá pocos compradores a $1,000 dólares por boleto. Pero pueden cobrar la cantidad que maximice sus beneficios. Por eso han instituido precios dinámicos. Si quiero el asiento 6 en la fila C, sección 333 en el Angel Stadium para el partido del 31 de agosto contra los Yankees, me costará $160 dólares. Esa misma butaca, dos semanas antes contra los Mariners, cuesta menos de la mitad, $78 dólares. Los equipos no utilizan la analítica sólo para el juego en el campo. El análisis del mercado les ayuda a fijar el precio de las entradas al nivel en el que ganarán más dinero. Buscan el precio que produzca los mayores beneficios teniendo en cuenta la demanda del mercado. Los salarios de los jugadores no entran en ese cálculo.

Y hay otra razón por la que no bajan el precio de las entradas: los revendedores. Si en agosto, realmente quiero ir a ese partido contra los Yankees, esa butaca en la sección 333 puede que ya no esté disponible. Así que visitaré StubHub o SeatGeek o algún otro sitio. Lo más probable es que el precio sea superior a $160 dólares. Digamos que son $200 dólares. Esos $40 dólares más son dinero perdido para los Angels. Hay suficiente demanda para que esa entrada se venda a $200 dólares, así que al ponerle un precio de $160, los Angels están dejando $40 dólares sobre la mesa. Si redujeran el precio de esa entrada a, digamos, $50 dólares, sus ingresos no percibidos ascenderían a $150 dólares. Y no sólo eso, sino que se creará un mayor incentivo para que los abonados revendan sus entradas. Es cierto que no todo el mundo lo hará, pero los que decidan que prefieren embolsarse $150 dólares por una inversión de $50 y evitar el tráfico de Anaheim, estarán quitando beneficios a los Angels y no harán que ir al partido sea más asequible. Una entrada con valor nominal de $50 dólares que se vende por $200 no es diferente de una entrada con valor nominal de $160 que se vende por $200. Si quiero ir al partido, sigo teniendo que desembolsar $200 dólares. Yo no me beneficio, y los Angels tampoco. Sólo se beneficia el comprador original de las entradas—quizás un revendedor masivo de entradas, con software para comprar rápidamente bloques de asientos con meses de antelación—y el revendedor. Tanto para los equipos como para sus aficionados, es una situación en la que todos pierden.

Hay razones económicas para que los precios de las entradas sean altos. Hay razones prácticas para que los precios de las entradas sean tan altos. Lo que no hay son razones salariales de los jugadores para que los precios de las entradas sean tan altos. No hay ninguna relación. Los precios de las entradas se basan en la maximización de los ingresos, independientemente de los gastos. Y si la gente te dice: “Anda pues, me estás diciendo que si redujeran los salarios de los jugadores a la mitad los precios de las entradas no bajarían”, cuéntales sobre los Guardians y los Marlins.

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